Con frecuencia una lectura tiene la capacidad de provocar asociaciones en cadena.
La lectura, parcial, del libro Una pedagogía desobediente. Tejer la vida del aula y de la escuela desde proyectos de indagación me ha llevado, en primer lugar, a mi novela La escuela de la fraternidad. En ella hay dos personajes históricos (aunque no es una novela histórica), los maestros anarquistas Félix Carrasquer y Matilde Escuder, que ponen en práctica una pedagogía libertaria muy en consonancia con lo expuesto en el libro sobre educación.
Al mismo tiempo, me ha venido al recuerdo unas jornadas de pedagogía libertaria, en cuya organización participé como afiliado que fui al sindicato de enseñanza de la Confederación General del Trabajo (CGT), en las que se habló como uno de los temas principales de la libertad del alumnado, también un asunto presente en el libro coordinado por Fernando Hernández-Hernández y Marisol Anquita.
Y, por último, guarda también relación con un compendio de textos breves para jóvenes que publiqué primero en papel y ahora en formato digital: Después de mucho tiempo. Estas piezas tienen en común el girar en torno a la educación, con visiones originales, creo, sobre la relación entre alumnado y profesorado. Especialmente, he recordado la titulada Profesor ligeramente despistado o… Su argumento podría resumirse así: Algo ha pasado en el instituto. El consejo escolar y la asamblea de clase han tomado unas extrañas decisiones.
Creo que quien se acerque a los libros comprenderá la conexión que existe entre ellos: una visión compartida desde distintas perspectivas sobre algunos principios fundamentales del compromiso educativo. Y todo ello en tiempos muy difíciles, en los que los poderes educativos más reaccionarios que he conocido, vinculados a la ultraderecha y a la derecha extrema, intentan recortar derechos fundamentales, derechos humanos y libertades inalienables. También desde la educación.
Sirva como declaración de intenciones del libro editado por Octaedro las siguientes citas tomadas de la Introducción:
Pensamos en la desobediencia no como ir a la contra de..., sino como desplegar una posibilidad para una apertura que nos lleva a resistir a las fuerzas que nos normalizan y nos invitan y obligan a claudicar ante pensamientos y prácticas preestablecidas.
(...)
Para nosotras, la cuestión central es cómo provocar que niños, niñas y jóvenes puedan adquirir una comprensión del mundo que haga que sus vidas sean sanas, satisfactorias y sostenibles. Para ellos pensamos que es necesario tener una perspectiva, un modo de relación que se refiera simultáneamente a los individuos, a la humanidad en su conjunto y al planeta que habitamos.









